Yo te libero... Te libero, Lenah Beaudonte. Cree...y sé libre.
Ésas fueron las últimas palabras que pude recordar. Pero eran informes, dichas por alguien cuya voz no recordaba. Podría haber ocurrido hacía siglos.
Cuando me desperté, sentí de inmediato algo frío contra mi mejilla izquierda. Un gélido escalofrío me recorrió la espalda. Aunque tenía los ojos cerrados, comprendí que estaba desnuda, tendida boca abajo en un suelo de madera noble.
